Yo soy la voz de mi madre.
La breva es el fruto temprano de la higuera americana. Mientras el invierno despojaba a la higuera de su follaje, reflexionaba en dar frutos magníficos. Se sentía pobre y no le quedaba otra cosa que la imaginación. La breva es el fruto en que había soñado. En la osamenta de la higuera, que es toda rama, y en el mes de noviembre, brotan las brevas, una aquí, la otra más allá, como los planetas en la noche. Son unas pocas. Las higueras de Europa no conocen este milagro. Mi madre era criolla y morena, como las brevas.
No envidio las infancias más felices. La mía fue incomparable. No me dio la fortuna que el "dandy" de mi padre derrochaba en levitas y pantalones color canela. Me la decoró la fantasía. Mi madre quiso darme, como Sarmiento a la Argentina, la sensación de un porvenir maravilloso. (Sarmiento le obsequió con una lapicera de jade en unos juegos florales donde ella presentó un trabajo sobre "La educación laica de la mujer"). Ella miraba hacia delante del Tiempo, como, en la leyenda, se mira hacia atrás de las espaldas del Tiempo. Y puedo afirmar que todo lo que sé lo supe antes de aprender a leer. Mi madre sembraba semillas doradas en mi espíritu, como en los cajones de fideos los almaceneros de antaño ponían dentro cometas de papel plateado. ¿Con qué lógica?... ¿Con qué motivo?...
La breva es el fruto temprano de la higuera americana. Mientras el invierno despojaba a la higuera de su follaje, reflexionaba en dar frutos magníficos. Se sentía pobre y no le quedaba otra cosa que la imaginación. La breva es el fruto en que había soñado. En la osamenta de la higuera, que es toda rama, y en el mes de noviembre, brotan las brevas, una aquí, la otra más allá, como los planetas en la noche. Son unas pocas. Las higueras de Europa no conocen este milagro. Mi madre era criolla y morena, como las brevas.
No envidio las infancias más felices. La mía fue incomparable. No me dio la fortuna que el "dandy" de mi padre derrochaba en levitas y pantalones color canela. Me la decoró la fantasía. Mi madre quiso darme, como Sarmiento a la Argentina, la sensación de un porvenir maravilloso. (Sarmiento le obsequió con una lapicera de jade en unos juegos florales donde ella presentó un trabajo sobre "La educación laica de la mujer"). Ella miraba hacia delante del Tiempo, como, en la leyenda, se mira hacia atrás de las espaldas del Tiempo. Y puedo afirmar que todo lo que sé lo supe antes de aprender a leer. Mi madre sembraba semillas doradas en mi espíritu, como en los cajones de fideos los almaceneros de antaño ponían dentro cometas de papel plateado. ¿Con qué lógica?... ¿Con qué motivo?...
Emilio Lascano Tegui. Escritor argentino (Concepción del
Uruguay, Entre Ríos, 1887-Buenos Aires, 1966). Firmó su obra como "Vizconde
de Lascano Tegui", título que se inventó poco antes de la publicación de
su primer libro, La sombra de la empusa (1910), poesía modernista
provocativamente truculenta, "mezcla híbrida de Corbiére, Laforgue y
Lautréamont" (Nélida Salvador). El libro había sido escrito en Europa y
África. Le siguió una curiosa broma literaria, el volumen de poesía Blanco
(1911), publicado en París con el nombre de autor Rubén Darío (h.) y reeditado
al año siguiente como El árbol que canta, firmado por el autor. Entre 1910 y
l914, según él, escribió una especie de novela, de exacerbado decadentismo,
cuyo título debía ser "Oraciones a Nuestra Señora la Sífilis", pero
que apareció, en 1925, como De la elegancia mientras se duerme, que fue
traducida al francés por Francis de Miomandre y se editó en esa lengua en 1927.
Por esa época ingresó en el servicio diplomático argentino, y hasta su
jubilación en 1945 cumplió funciones en Francia, Venezuela y los Estados
Unidos. En 1936 publicó dos libros en Buenos Aires: la novela Álbum de familia
y la miscelánea El libro celeste. De su residencia en Venezuela quedaron dos
libros sobre ese país: Venezuela adentro (1940) y La paradoja del campo
venezolano (1940). Su último libro es Muchacho de San Telmo, 1895 (1944),
poemas narrativos en estilo sencillista. En los años posteriores a su retiro de
la diplomacia escribió copiosamente para revistas, volvió a viajar y expuso su
pintura (había pintado desde su juventud, y expuesto ocasionalmente).
Tomado de: "César Aira; Diccionario de autores
latinoamericanos; Ada Korn Editora, 2001".
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